Se cierran las puertas de su habitación con gran pauperismo por la poca fuerza de voluntad que el muchacho alberga en su alma. La tonalidad de su piel y la mueca maltrecha de su rostro dan cuenta de sus expectativas devastadas por el imperioso poder de la palabra de Lentulus. Se mira a sí mismo frente al espejo y, aunque su belleza no se derrumba por sus desánimos, puede ver la desesperanza de un futuro incierto en la profundidad de sus ojos.
—¡Qué estúpido soy, cómo pude actuar de esa manera? —se dijo a sí mismo Spartacus con la voz entrecortada. —Dejar que me pisotee ese hijo de puta de Batiatus…
Sus ojos se cerraron con fuerza e intentó respirar con profundidad, pero un espasmo lo incautó de repente impidiéndoselo. Luego de un rato de mirarse a sí mismo, el teléfono sonó. Atendió con cuidado y desgana:
—Hola, ¿Quién habla?
—Soy yo, idiota. ¿Cómo andás? —la voz de Crixus penetraba en la mente de Spartacus como una lanza, apuntalándose de tal manera que una relajación extraña sacudió su cuerpo.
—Mal. No puedo dejar de pensar en Varinia… —respondió cansado y se sentó en su cama.
—Basta de tanta estupidez. Vamos a un boliche hoy a la noche, ¿Te prendés? Es viernes, no tenés nada mejor para hacer. —dijo su amigo de forma imperante y no obtuvo de Spartacus más que una respiración fuerte. Sin embargo, a los pocos segundos éste aceptó.
Al cortar, la angustia lo embargó nuevamente y quiso llamar a su amigo para cancelar la salida, pero éste no atendía (ya que sabía de sus cambios de humor repentinos). Spartacus sonrió levemente al no poder comunicarse y se acostó en su cama. Miró de reojo la computadora y, paseando la mano por debajo de su almohada, tomó el control remoto para prender su televisor. Una vez encendido, Spartacus se puso a escuchar las noticias del día. Todas le parecían triviales, algunas con una nimia injustificada. Luego de un buen rato, justo cuando sus sueños comenzaron a embargarlo, una noticia interrumpió su tranquilidad:
—“Alrededor de las 14 horas, el Instituto Superior Batiatus, secundario localizado en Capua, tuvo problemas con un joven de entre 18 a 20 años que entró al secundario con un arma de fuego y atacó a tres personas. Todavía no se tiene información del joven que pudo haber efectuado el ataque ya que llevaba un pasamontañas. Sin embargo, la justicia tomará cartas en el asunto ya que una de sus víctimas resultó muerta después de que tres balas entraran en su organismo y muriera desangrada. Las otras dos jóvenes, Varinia, de 18 años, y Lunia, de 17, se encuentran hospitalizadas…”
Spartacus dejó de escuchar luego de oír el nombre de su amada y una fuerte fatiga comenzó a inundar su cuerpo. Todo se volvió nubloso y sus ideas comenzaron a pregonar en su mente insultos y maldiciones. Aquello le parecía extraño, quizás manipulado, como si alguien hubiese provocado esto para que su destino tome un nuevo rumbo. Él no creía en dioses, pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Así que, una vez tranquilizado, llamó a su amigo para hacer un cambio de planes en su salida.